Partido Humanista

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viernes, 9 de enero de 2015

INTRODUCCION




La democracia es un tema de discusión, que evoluciona y se transforma, al grado tal que su forma de concebirse y de apreciarse, nos deja hoy en día, en una amplia gama de posibilidades para seguir discutiendo. Palabras como “pueblo”, “soberanía”, “representación”, “mayoría”, “consenso”, “elecciones”, “sufragio”, “clase social”, “dominación”, “dictadura”, “legitimidad”, “eficacia”, “competividad” y la más reciente “participación ciudadana”; deja un abanico de nuevos conceptos emanados de la democracia, que amplían tanto el debate político para la toma de decisiones políticas, como también, para el discernimiento de las ideas académicas.

Por ende, el Partido Humanista no concibe que el discurso democrático, sea la de una posición en donde debe de tomar partido o postura respecto a determinados tópicos o problemas nacionales, locales o regionales; el mundo en el que nos habitamos, es una red compleja que no puede reducirse a una visión maniqueista de “buenos” vs. “malos”; mucho menos, el discurso político puede encasillarse a las visiones tradicionales de “izquierda” o “derecha”, “conservador” o “liberal”; el panorama que se espera en el futuro, exige seriedad, mayor racionalización y menos pasión o un lenguaje tradicional o violento; requiere por ende, de ciudadanos formados con amplios principios éticos y con una visión global de los derechos humanos, más que con la formación obsoleta, de desprecio e intolerancia, que generó precisamente, los problemas que hoy padecemos. 

Democracia pues, significa etimológicamente “gobierno del pueblo”; sin embargo, para el Partido Humanista significa las formas mediante los cuales el pueblo elige a sus gobernantes, de manera libre, competitiva y en circunstancias de igualdad; democracia, también, es la forma en que se asumen las decisiones políticas en un régimen donde exista libertad de pensamiento, de información, de presión, de movilización, organización y petición; así como de religión y culto. Un proceso que no se encuentra culminado, pero que corresponde a todas y a todos, construirlo; un orden social orientado a la justicia, que sea capaz de garantizar a cualquier persona, el acceso a derechos fundamentales como al trabajo, la educación, la salud, la cultura, la vivienda, a la privacidad, al ocio creativo, al disfrute y preservación de un medio ambiente, a la paz cimentada en el ejercicio de la libertad y en un marco de seguridad.

Construir un Estado Democrático tiene como objeto, precisamente,  proteger los derechos humanos de las personas. No es el “pueblo”, no es la “gente”, no es “la plebe”, “o la prole”, tampoco es esa abstracción de “individuos”; tampoco es la estadística fría que se encuentra sobre el escritorio de algún gobernante insensible. El Estado se forma con personas, hombres y mujeres, dotados cada uno de ellos con dignidad, con distintas formas de ser y coexistir, con diversas formas de pensar, creer y de ejercer su libertad. Es precisamente ese conjunto de personas, quien ejerce la soberanía, y quien además es representado por personajes (que compiten en un sistema democrático electoral en igualdad de circunstancias, para obtener el cargo de representación popular).

El Partido Humanista fiel a su vocación democrática, acepta el juego democrático, como la mejor opción que han podido construir las y los seres humanos, para cambiar y mejorar su propio destino.  Aceptamos pues, este juego democrático, que con vicios y graves desajustes a los derechos humanos, y es por eso que aspiramos a transformarlo, a través de la elaboración de  leyes; así como de la observancia, la trasparencia y la exigibilidad de rendición de cuentas, durante la ejecución de dichos mandatos.

La representación política entre los hombres y mujeres que conformamos esta República y en el Estado de México, fue y es hasta el día de la fecha, cuestionado; se trata pues, de un problema de representación, de legitimación, de instituciones.

El sistema democrático construyó las “Instituciones” para ejercer el poder; el ideal democrático de la asamblea popular en la plaza pública, fue perdiendo aplicabilidad, en la misma magnitud en que la población creció y los problemas colectivos, se fueron convirtiendo cada vez más técnicos y complejos.

Las instituciones surgen al mundo democrático, como una forma en la cual los hombres y las mujeres, logran materializar sus ideas, a través de manifestaciones materiales. Entidades públicas compuestas también por seres humanas, pero dotadas de un marco jurídico y de un peculio económico que les permita actuar en defensa, preservación y observancia de los derechos de todas y todos.

Las instituciones no son pues, esa separación dual entre “Gobierno” y “Pueblo”; no son y no deben ser, esas oficinas de personas déspotas, prepotentes, insensibles, llamadas despectivamente “burócratas”, cuyo jefe de ellos, es algún “político” desconocido; la razón de las instituciones, son la de garantizar la vigencia y aplicación de los derechos humanos de todas y todos.

El Partido Humanista concibe a las instituciones no como algo separado o alejado del “pueblo”; sino como algo, propiedad de este mismo: Mi hospital, mi escuela, mi parque público, mi Centro de Justicia; “mío” que implica también decir “nuestro”, cuando hablamos como parte de esa colectividad que somos las y los seres humanos: Nuestro Hospital, nuestra escuela, nuestros caminos y autopistas, nuestra colonia, nuestra unidad habitacional, nuestro parque, nuestro gobierno, nuestro país. 

Es cierto, las instituciones se conforman por “personas o comités de expertos”, sus señalamientos “reglamentan” esos derechos conforme a los recursos humanos, materiales, económicos, que disponen;  pero no debe de perderse la vista, que la razón de que existan escuelas, clínicas, hospitales, obras públicas, oficinas gubernamentales; es precisamente, la de administrar los recursos públicos que nos pertenecen a todas y a todos, así como gobernar a las y los seres humanos que conformamos esta República.

La representación política y la existencia de instituciones, no debe obedecer a una cuestión de “mayorías” y “minorías”, o a quienes tenga o no dinero para poder “comprar” sus derechos; el Estado Democrático cimentado en los derechos humanos, no debe ver al “pueblo”, como una masa homogénea, ha quienes hay que darles de vez en cuando “pan y circo” para que se entretengan; sino debe ver a ese “pueblo”, como el conjunto de seres humanos, dotados de libertad y dignidad, de derechos inalienables e irrenunciables, que se colocan por encima de la razón del mismo Estado; hombres y mujeres con distintas peculiaridades; personas con vulnerabilidad, personas con discapacidad, personas con necesidades, personas como seres humanos, como tú, como yo, como todos nosotros.

 Para el Partido Humanista resulta importante construir la sociedad democrática, porque el reto de las y los seres humanos, no es la de derrocar gobiernos, sino la de construir democracias.

 El reto del Partido Humanista no es derrocar al gobierno del Estado de México, ni utilizar un lenguaje soez, violento, cruel, contra quienes encabezan las instituciones del Estado de México. El gran reto de las y los humanistas mexiquenses, es la de construir un Estado de México realmente democrático, donde quepamos todas y todos. Donde toda persona, por el simple hecho de ser persona, pueda aspirar a realizar su potencial humano. Tenga no solamente derecho, sino que realmente puede ejercer ese derecho, a crecer y desarrollarse en un ambiente de libertad, igualdad y felicidad. 

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