La democracia es un tema de discusión, que
evoluciona y se transforma, al grado tal que su forma de concebirse y de
apreciarse, nos deja hoy en día, en una amplia gama de posibilidades para
seguir discutiendo. Palabras como “pueblo”, “soberanía”, “representación”,
“mayoría”, “consenso”, “elecciones”, “sufragio”, “clase social”, “dominación”,
“dictadura”, “legitimidad”, “eficacia”, “competividad” y la más reciente
“participación ciudadana”; deja un abanico de nuevos conceptos emanados de la
democracia, que amplían tanto el debate político para la toma de decisiones
políticas, como también, para el discernimiento de las ideas académicas.
Por ende, el Partido Humanista no concibe que el
discurso democrático, sea la de una posición en donde debe de tomar partido o
postura respecto a determinados tópicos o problemas nacionales, locales o
regionales; el mundo en el que nos habitamos, es una red compleja que no puede
reducirse a una visión maniqueista de “buenos” vs. “malos”; mucho menos, el
discurso político puede encasillarse a las visiones tradicionales de
“izquierda” o “derecha”, “conservador” o “liberal”; el panorama que se espera
en el futuro, exige seriedad, mayor racionalización y menos pasión o un
lenguaje tradicional o violento; requiere por ende, de ciudadanos formados con
amplios principios éticos y con una visión global de los derechos humanos, más
que con la formación obsoleta, de desprecio e intolerancia, que generó
precisamente, los problemas que hoy padecemos.
Democracia pues, significa etimológicamente “gobierno
del pueblo”; sin embargo, para el Partido Humanista significa las formas
mediante los cuales el pueblo elige a sus gobernantes, de manera libre,
competitiva y en circunstancias de igualdad; democracia, también, es la forma
en que se asumen las decisiones políticas en un régimen donde exista libertad
de pensamiento, de información, de presión, de movilización, organización y
petición; así como de religión y culto. Un proceso que no se encuentra
culminado, pero que corresponde a todas y a todos, construirlo; un orden social
orientado a la justicia, que sea capaz de garantizar a cualquier persona, el
acceso a derechos fundamentales como al trabajo, la educación, la salud, la
cultura, la vivienda, a la privacidad, al ocio creativo, al disfrute y
preservación de un medio ambiente, a la paz cimentada en el ejercicio de la
libertad y en un marco de seguridad.
Construir un Estado Democrático tiene como objeto,
precisamente, proteger los derechos humanos
de las personas. No es el “pueblo”, no es la “gente”, no es “la plebe”, “o la
prole”, tampoco es esa abstracción de “individuos”; tampoco es la estadística
fría que se encuentra sobre el escritorio de algún gobernante insensible. El
Estado se forma con personas, hombres y mujeres, dotados cada uno de ellos con
dignidad, con distintas formas de ser y coexistir, con diversas formas de
pensar, creer y de ejercer su libertad. Es precisamente ese conjunto de
personas, quien ejerce la soberanía, y quien además es representado por
personajes (que compiten en un sistema democrático electoral en igualdad de
circunstancias, para obtener el cargo de representación popular).
El Partido Humanista fiel a su vocación democrática,
acepta el juego democrático, como la mejor opción que han podido construir las
y los seres humanos, para cambiar y mejorar su propio destino. Aceptamos pues, este juego democrático, que
con vicios y graves desajustes a los derechos humanos, y es por eso que aspiramos
a transformarlo, a través de la elaboración de
leyes; así como de la observancia, la trasparencia y la exigibilidad de
rendición de cuentas, durante la ejecución de dichos mandatos.
La representación política entre los hombres y
mujeres que conformamos esta República y en el Estado de México, fue y es hasta
el día de la fecha, cuestionado; se trata pues, de un problema de
representación, de legitimación, de instituciones.
El sistema democrático construyó las “Instituciones”
para ejercer el poder; el ideal democrático de la asamblea popular en la plaza
pública, fue perdiendo aplicabilidad, en la misma magnitud en que la población
creció y los problemas colectivos, se fueron convirtiendo cada vez más técnicos
y complejos.
Las instituciones surgen al mundo democrático, como
una forma en la cual los hombres y las mujeres, logran materializar sus ideas,
a través de manifestaciones materiales. Entidades públicas compuestas también
por seres humanas, pero dotadas de un marco jurídico y de un peculio económico
que les permita actuar en defensa, preservación y observancia de los derechos
de todas y todos.
Las instituciones no son pues, esa separación dual
entre “Gobierno” y “Pueblo”; no son y no deben ser, esas oficinas de personas
déspotas, prepotentes, insensibles, llamadas despectivamente “burócratas”, cuyo
jefe de ellos, es algún “político” desconocido; la razón de las instituciones,
son la de garantizar la vigencia y aplicación de los derechos humanos de todas
y todos.
El Partido Humanista concibe a las instituciones no
como algo separado o alejado del “pueblo”; sino como algo, propiedad de este
mismo: Mi hospital, mi escuela, mi parque público, mi Centro de Justicia; “mío”
que implica también decir “nuestro”, cuando hablamos como parte de esa
colectividad que somos las y los seres humanos: Nuestro Hospital, nuestra
escuela, nuestros caminos y autopistas, nuestra colonia, nuestra unidad
habitacional, nuestro parque, nuestro gobierno, nuestro país.
Es cierto, las instituciones se conforman por
“personas o comités de expertos”, sus señalamientos “reglamentan” esos derechos
conforme a los recursos humanos, materiales, económicos, que disponen; pero no debe de perderse la vista, que la
razón de que existan escuelas, clínicas, hospitales, obras públicas, oficinas
gubernamentales; es precisamente, la de administrar los recursos públicos que
nos pertenecen a todas y a todos, así como gobernar a las y los seres humanos
que conformamos esta República.
La representación política y la existencia de
instituciones, no debe obedecer a una cuestión de “mayorías” y “minorías”, o a
quienes tenga o no dinero para poder “comprar” sus derechos; el Estado
Democrático cimentado en los derechos humanos, no debe ver al “pueblo”, como
una masa homogénea, ha quienes hay que darles de vez en cuando “pan y circo”
para que se entretengan; sino debe ver a ese “pueblo”, como el conjunto de
seres humanos, dotados de libertad y dignidad, de derechos inalienables e
irrenunciables, que se colocan por encima de la razón del mismo Estado; hombres
y mujeres con distintas peculiaridades; personas con vulnerabilidad, personas
con discapacidad, personas con necesidades, personas como seres humanos, como
tú, como yo, como todos nosotros.
Para el Partido Humanista resulta importante
construir la sociedad democrática, porque el reto de las y los seres humanos,
no es la de derrocar gobiernos, sino la de construir democracias.
El reto del Partido Humanista no es derrocar al
gobierno del Estado de México, ni utilizar un lenguaje soez, violento, cruel,
contra quienes encabezan las instituciones del Estado de México. El gran reto
de las y los humanistas mexiquenses, es la de construir un Estado de México
realmente democrático, donde quepamos todas y todos. Donde toda persona, por el
simple hecho de ser persona, pueda aspirar a realizar su potencial humano.
Tenga no solamente derecho, sino que realmente puede ejercer ese derecho, a
crecer y desarrollarse en un ambiente de libertad, igualdad y felicidad.
Por todo lo anterior, el Partido Humanista propone:
1. Construir ciudadanía. En el campo electoral, el surgimiento de nuevas opciones electorales diversifica y pluraliza la sociedad, al grado que bajo el presente esquema electoral de la existencia de once partidos políticos y las candidaturas independientes, se puede obtener victorias electorales, con un 10% de los votos; lo que obliga seriamente, en pensar en la posibilidad de reformar el Código Electoral y establecer en ella, la "segunda vuelta electoral", como un instrumento que legitime al candidato ganador de las contiendas electorales, además de reducir con ello, los conflictos políticos postelectorales.
2. Realizar las adecuaciones en los planes y programas de estudio de educación básica, para implementar la materia de democracia. Así pues, los alumnos de las escuelas primarias y secundarias, se les inculcará el hábito de elegir jefes de grupo y presidentes de sociedades de alumnos, a través de la asesoría de los organismos públicos electorales y mediante procedimientos electorales en el que se enseñe ejercer el voto universal, libre, secreto y directo.
3. Reformar el Código Electoral del Estado de México, para disminuir el requisito de porcentaje de recabación de firmas, del 3% en el que se encuentra actualmente, a 1%. Lo anterior, con el objeto de promover la diversidad de opciones electorales y hacer posible, el ejercicio de los derechos políticos.
4. Promover en los bandos municipales, la democracia participativa, con la creación y reconocimiento de contralorías sociales, como entidades encargadas de vigilar el ejercicio honrado, eficiente y eficaz de los recursos públicos. Asimismo adoptar entre otras figuras, el referéndum, la consulta popular, la audiencia pública, el presupuesto participativo, a fin de hacer posible que el Municipio, representa autenticamente a los ciudadanos.
5. En lo referente al presupuesto participativo, se etiquetaran el 2% de los recursos públicos que dispongan los municipios, a efecto de que sean los ciudadanos del Municipio, los que elijan, bajo la asesoría y organización del Instituto Electoral del Estado de México, sobre la forma de ejercer dichso recursos públicos.
Por todo lo anterior, el Partido Humanista propone:
1. Construir ciudadanía. En el campo electoral, el surgimiento de nuevas opciones electorales diversifica y pluraliza la sociedad, al grado que bajo el presente esquema electoral de la existencia de once partidos políticos y las candidaturas independientes, se puede obtener victorias electorales, con un 10% de los votos; lo que obliga seriamente, en pensar en la posibilidad de reformar el Código Electoral y establecer en ella, la "segunda vuelta electoral", como un instrumento que legitime al candidato ganador de las contiendas electorales, además de reducir con ello, los conflictos políticos postelectorales.
2. Realizar las adecuaciones en los planes y programas de estudio de educación básica, para implementar la materia de democracia. Así pues, los alumnos de las escuelas primarias y secundarias, se les inculcará el hábito de elegir jefes de grupo y presidentes de sociedades de alumnos, a través de la asesoría de los organismos públicos electorales y mediante procedimientos electorales en el que se enseñe ejercer el voto universal, libre, secreto y directo.
3. Reformar el Código Electoral del Estado de México, para disminuir el requisito de porcentaje de recabación de firmas, del 3% en el que se encuentra actualmente, a 1%. Lo anterior, con el objeto de promover la diversidad de opciones electorales y hacer posible, el ejercicio de los derechos políticos.
4. Promover en los bandos municipales, la democracia participativa, con la creación y reconocimiento de contralorías sociales, como entidades encargadas de vigilar el ejercicio honrado, eficiente y eficaz de los recursos públicos. Asimismo adoptar entre otras figuras, el referéndum, la consulta popular, la audiencia pública, el presupuesto participativo, a fin de hacer posible que el Municipio, representa autenticamente a los ciudadanos.
5. En lo referente al presupuesto participativo, se etiquetaran el 2% de los recursos públicos que dispongan los municipios, a efecto de que sean los ciudadanos del Municipio, los que elijan, bajo la asesoría y organización del Instituto Electoral del Estado de México, sobre la forma de ejercer dichso recursos públicos.
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