Partido Humanista

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domingo, 5 de abril de 2015

MENSAJE FINAL DE LA PLATAFORMA ELECTORAL


Hace casi 240 años, un abogado, filosofo, historiador y científico de nombre Thomas Jefferson, fue electo diputado constituyente, en la formación de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de América.

El entonces diputado, emitió la declaratoria de independencia de su nación, manifestando como verdades evidentes, que todos los hombres eran creados igualmente, que el creador los había dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Años después, de la declaratoria de la independencia de los Estados Unidos de América, en México el insurgente José María Morelos y Pavón, un párroco de una iglesia de Carácuaro, se sumo a la rebelión que encabezaba su homologo y también maestro Miguel Hidalgo y Costilla, en contra de la monarquía española que tenía sometida a la nación mexicana.

Morelos, como también en su momento lo hizo Jefferson, redactó un documento con el cual se declaraba la independencia de la América Septentrional; en él que se atrevió afirmar que las leyes que dictara el Congreso, debían ser superiores que obligaran a la constancia y patriotismo, moderaran la opulencia y la indigencia, de tal suerte que se aumentara el journal del pobre, que mejorara sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.
De esa forma, el insurgente Mexicano, conceptualizo el espíritu social del pueblo mexicano, victima de la desigualdad, de la injusticia, de la pobreza y también de la ignorancia.

Contemporáneo de esos años, en la República de Venezuela, el Libertador Simón Bolivar, al inaugurar el Congreso de la Angostura, pronunció un discurso en que dijo que la esclavitud era la hija de las tinieblas, que un pueblo ignorante, era un instrumento ciego de su propia destrucción; que la ambición, la intriga, abusaban de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; en el que el pueblo adoptaba como realidades las que eran puras ilusiones, que tomaban la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo y la venganza por la justicia.

Así pues, el humanismo hispanoamericano nace al igual que las ideas libertadoras de norteamericana, bajo ese ideal liberal, sólo que mientras la nación estadounidense buscaba la libertad como medio para conseguir la felicidad de cada uno de los individuos de esa gran nación, en el caso hispano, la libertad era la condición necesaria e indispensable, para cesar la desigualdad, que generaba la ignorancia y la pobreza de la mayoría de sus habitantes.

De esa forma, recordando alguna vez el discurso del Pastor Martin Luther King en aquella manifestación realizada frente al monumento de Abraham Lincoln, en el año de 1963, donde se conmemoró el trabajo y la libertad; el Reverendo se atrevió a decir, que los arquitectos de la Republica Estadounidense habían diseñado una nación, donde todos sus habitantes fueran libres, y por eso habían firmado la promesa de la declaración de la Independencia y de su Constitución Política; habiendo firmado los constituyentes de aquella nación, un pagare del cual, cada ciudadano americano era su heredero. Sin embargo, resulto que dicho cheque no tenía fondos, porque su gobierno no había cumplido con la promesa, quien solo le había entregado a su pueblo, un “cheque sin fondos”, un cheque que no servía y del cual, el se negaba a creer que el “Banco de la Justicia” se encontraba en bancarrota.

Hoy los humanistas mexiquenses, siguiendo el espíritu libertador de José María Morelos, consideramos que los grandes constructores de esta nación, pelearon por una nación a la que todavía no se ha podido construir. Una nación, donde se prometió abatir con la pobreza, la ignorancia, la opulencia; donde cada uno de sus habitantes fuéramos libres y tuviéramos un mejor destino de lo que ahora tenemos. Sin embargo, también nuestro “Banco de la Justicia”, esta en deuda con cada uno de nosotros.

La libertad por la que nuestros antepasados pelearon y se rebelaron del opresor, esa misma libertad aun no ha sido consumada, mientras en este país, persista la pobreza y la ignorancia; fuentes básicas de todas las deficiencias y malestares de nuestra sociedad; entre ellas, el poco interés en los asuntos públicos y la permisividad, de los gobiernos corruptos y demagogos.      
  
Los miembros, militantes y simpatizantes del Partido Humanista en el Estado de México, creemos y trabajamos precisamente en conseguir esa libertad, para poder ejercer con ella, todos y cada uno de los derechos humanos de las que estamos dotados como seres humanos. 

Por eso creemos que en la pobreza no puede existir libertad. Que sin libertad, ninguna persona puede ejercer sus derechos humanos.
¡Duele decirlo, pero hay que reconocerlo¡. Persiste la pobreza, la desigualdad, el crimen y la injusticia; continua la opulencia y todos los vicios que puede tener los gobiernos corruptos y demagogos, insensibles y violadores de los derechos humanos.

¡Duele decirlo¡. Pero el ideal de Morelos, de construir una nación donde existiera un Congreso en que sus las leyes, sean superiores y obliguen a la constancia y el patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, de tal suerte que se aumente el journal del pobre, que mejorara éste sus costumbres, alejándolo de la ignorancia, la rapiña y el hurto; esta muy lejos de ser realidad.

La lucha de Morelos sigue viva y nosotros desde el Partido Humanista, la abanderamos. 

La abanderamos como los ideales de Thomas Jefferson, de reconocer que los seres humanos estamos dotados de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encontraba la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La abanderamos como los ideales de Simón Bolivar, de evitar una nación esclava, un pueblo ignorante, victima de su propia destrucción; de su ambición, e intriga;  crédulo de las ilusiones y no de las realidades, traicionero y vengativo.

La abanderamos, como los ideales de Juárez, Lincoln, así como de los mejores seres humanos de este planeta; de sus virtudes y logros.

La abanderamos, por la simple y sencilla razón.

¡De que somos humanistas¡.






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